lunes, 6 de mayo de 2013

ENTREVISTA A PROPÓSITO DEL 30 ANIVERSARIO DEL TEATRO TERESA CARREÑO.




ENTREVISTA | EDWIN ERMINY, EXGERENTE DE PRODUCCIÓN DEL TTC

"Necesitamos construir teatros"

ÁNGEL RICARDO GÓMEZ | 22/04/13 (9:45 AM)

¿Fuga de talentos? He aquí un pequeño ejemplo: Edwin Erminy es uno de los escenógrafos más importantes del país. Trabajó en el Teatro Teresa Carreño desde su fundación, en 1983, hasta 2003, cuando renunció en señal de protesta por el rumbo que tomaba el complejo cultural en aquel momento. Fue víctima de un secuestro en Caracas, del que salió golpeado física y espiritualmente. Hoy está en Trinidad y Tobago. 
-Este es el país desde el que migraron mis abuelos a Venezuela. Es una nación con una mezcla de culturas interesantísima, tan cerca y tan lejos de Venezuela. Estoy en Trinidad porque necesitaba sosegar mi espíritu por un tiempo. Estoy haciendo investigación y docencia en la Universidad de Trinidad y Tobago, una pequeña nación del Caribe donde un profesor universitario gana ¡500% más que en Venezuela! ¡La situación de los docentes universitarios en Venezuela es insostenible! 
A propósito del 30 aniversario del Teresa Carreño habla con más pasión del recinto que conoció que de aquel que es hoy
-Cuando el teatro estaba por inaugurarse, en 1983, yo estaba estudiando en la escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela. Nos invitaron a hacer un recorrido por las instalaciones y me enamoré para siempre del espacio inmenso del escenario. Lamentablemente el edificio entró en un limbo hasta su reapertura un año después. Corría el riesgo de convertirse en un elefante blanco. Tuve la fortuna de ser uno de los estudiantes que respondió al llamado de Elías Pérez Borjas para participar en uno de sus inventos: los guías de sala. Y es que Elías quería reabrir el teatro con una nueva visión de los tradicionales acomodadores, muchachos amantes de las artes que se compenetraran con el espíritu creador de la institución.

En tiempos de héroes instaurados, Edwin Erminy tiene el suyo: Elías Pérez Borjas, quien, a su juicio, fue el principal responsable de que el Teresa Carreño no se convirtiera en un elefante blanco. "Elías logró articular un consenso entre todas las fuerzas políticas para apoyar al teatro. Invitó a congresistas de todas las tendencias y los enamoró de la institución y de lo que allí se hacía. Lo mismo hizo con los más importantes empresarios y banqueros del país", recuerda. 

-(Elías) Nos sometió a un curso riguroso en el que aprendimos de ballet con Vicente Nebrada, de música con Eduardo Marturet, de producción con Eva Ivanyi, de coordinación de escenario con Luisa Fermín... Elías había logrado reunir a los mejores talentos del país para construir el nuevo teatro. Hasta los tramoyistas eran los mejores. Algunos grandes maestros, como Adán Martínez (maquillaje y peluquería) o Roberto Spoladore (vestuario), venían de la primera gestión del teatro. Junto a ellos, nosotros, un montón de muchachos con ganas de hacer cosas grandes. 
"Éramos un gran teatro" 
-Gracias a esa combinación de grandes nombres con jóvenes talentos, el Teresa Carreño se convirtió en una gran escuela, la de muchos cantantes, bailarines, diseñadores y técnicos. Yo empecé a trabajar inmediatamente en el escenario, como asistente de Luisa Fermín, y en poco tiempo ya estaba diseñando para nuestro escenario. Pero no fue sólo el talento de Elías para armar un equipo lo que le dio vida y alma al elefante blanco. Fue también la programación. Inmensa. Amplia y diversa. Por primera vez en Venezuela un teatro "serio" se abría a la música popular y al folklore. El único requisito era la calidad. La visión: que el Teresa fuera la punta de un sistema, la meta a la que pudiera aspirar cualquier artista venezolano. Tras un esfuerzo de persuasión importante, la empresa privada y el Gobierno se unieron para apoyar al nuevo teatro. Los productores y promotores particulares aportaban sus proyectos tanto nacionales como internacionales, que se integraban a las largas temporadas de ópera y ballet, creadas por las compañías residentes del teatro. Al ballet y al coro se sumó Danzahoy, con ambiciosos proyectos de danza contemporánea. ¡En el escenario y los talleres no parábamos nunca! Trabajábamos duro para abrirle el teatro a nuevos espectadores. Nuestros programas educativos, que llegaron a ser reconocidos por la Unesco le llegaban a miles de niños de escuelas de bajos recursos de Caracas. Hacíamos ensayos generales abiertos para estudiantes, conferencias y talleres de formación. Éramos un gran teatro, una gran escuela y una gran fábrica de arte. Además éramos una gran familia. Había un espíritu, un amor por la institución y por lo que hacíamos que nos convertía en "teresianos", un término que inventó Isaac Chocrón, inspirado en Elías. 
-¿Qué cargos ocupó de 1983 a 2003? 
-Estoy orgulloso de haber comenzado por el nivel más "raso": como guía de sala; haber sido asistente de coordinación, jefe de talleres y, finalmente, gerente de producción. Cuando salí del Teresa Carreño, nunca había trabajado en otra parte. Sigo siendo un "teresiano", ¡nunca estoy tan feliz como cuando estoy en ese escenario! 
-¿Que hacía al Teresa Carreño el teatro más importante de América Latina? 
-No estoy tan seguro de que lo fuéramos. El Teatro Colón de Buenos Aires es un competidor demasiado fuerte. Pero el nivel tecnológico que teníamos en ese momento, sumado a la calidad y cantidad de la programación, definitivamente nos ponía en las ligas mayores. La presencia de Vicente Nebrada en el ballet y Danzahoy como compañía de danza, nos daban muchísima proyección internacional. 

-En 2010 decía a este diario: "Se han tomado una cantidad de decisiones a lo largo del tiempo, en una línea que lleva a que el teatro esté cada vez más oscuro, más apagado y que sea menos importante para los caraqueños. Uno quisiera que no fuera así... Por eso estoy muy ilusionado con la perspectiva de que haya un cambio de gerencia". ¿Como ve el Teresa Carreño de hoy? 

-Creo que hay un esfuerzo honesto por recuperar el teatro después del atraso de la primera gestión (2003). En ese momento oscuro el teatro se convirtió en el salón de actos del régimen, se expulsó a Danzahoy, se trató de borrar la obra de Nebrada, se eliminaron los programas educativos, se redujo la ópera a casi nada, se maltrató al personal, se destruyó el equipo que habíamos construido durante años. La sala-museo con el legado de Teresa Carreño fue desmantelada para hacerle una salita de descanso al presidente Hugo Chávez. Algún día alguien tendrá que responder por tantos atropellos. Yo, al menos, me niego a olvidar el abuso.

-¿Qué tomar de las primeras gestiones y de esta para reimpulsar el teatro? 

-Lo sintetizaría en una sola meta: rescatar el espíritu teresiano. Que una nueva generación de artistas y técnicos haga que renazca esa casa, que le devuelvan el alma a la mole de concreto. Hace falta apertura, diálogo, respeto. Yo le doy un voto de confianza a los que lo intentan hacer hoy en el teatro. Ojalá los dejen abrir un espacio para el encuentro en nuestro teatro. 

-¿Por qué cree que no se ha construido otro Teresa Carreño en el país? 

-Yo creo que no necesitamos otro Teresa. Necesitamos muchos teatros medianos, sostenibles en lo económico y técnico. Uno en cada municipio. A los nuevos teatros hay que dotarlos con personal especializado, bien remunerado y recursos técnicos mínimos para que funcionen adecuadamente. En el mundo entero florece un teatro rico en imágenes; el nuestro se ha empobrecido visualmente. Ha dejado de ser el lugar para la integración de las artes. La falta de recursos y una mecánica viciada en la programación de los espacios nos ha llevado a eso. Por el bien del alma de la nación necesitamos construir teatros y dejar de comprar tantos tanques de guerra.


EL UNIVERSAL.  CARACAS, 22 DE ABRIL DE 2013.

jueves, 2 de mayo de 2013

PROPUESTA PARA OTO EL PIRATA. DANZAHOY, CARACAS, 2013.


Oto el Pirata es una pieza de danza contemporánea/obra de teatro musical para niños creada por Danzahoy a partir de un cuento de Adriana Urdaneta. Después de algunos años fuera de la vista del público regresa con una nueva producción. Esta es una propuesta para el espectáculo.

Oto el Pirata is a modern dance/musical theatre piece for children created by Danzahoy from a tale by Adriana Urdaneta. After some years out of the public eye it returns with a new production. This is a proposal for the show.


Haga click sobre las imagenes para verlas ampliadas.
Click on the images to see them enlarged.

Embocadura y telón de boca.
Un cuento compartido en familia cobra vida cuando los piratas se incorporan, bajando de las torres para abrir manualmente el teloncito que las une.


Castillo.
Al fondo, un castillo hecho de muchas piezas, como bloques de un juego infantil que se construye al ritmo de la música. Los piratas entran entre las piezas.




El cuarto de Fireya.
La princesa baja en una hamaca/luna. El cuarto en el que está encerrada nos deja entender que su mente está volando por el espacio.




Fireya.


La selva.
Un recorrido por un paisaje de bromelias fluorescentes, una selva nocturna, misteriosa  y colorida


El barco de Oto.
La nave es un carro que mueven los piratas. El cielo es un telón que, al ser desmontado y extendido en el piso, se convierte en el mar.

























Planta.














jueves, 25 de abril de 2013

NOCTURNO CON ARROZ.



Este es el segundo relato autobiográfico de una serie que comencé el año pasado con "Yo quiero ser como Ariel". Como ya me estoy poniendo viejo, se puede decir que estos, además de íntimos, son relatos históricos. "Ariel" ocurre en el contexto de la revolución Sandinista, "Nocturno" en el de los sucesos que hoy llamamos "el Caracazo". Son crónicas personales con las que reivindico mi derecho a narrar la historia desde mi perspectiva particular, con mis particulares obsesiones: los viajes, las comidas, la música, el sexo.

Para acceder a los cuentos haga click aquí:



Me he propuesto publicar un cuento cada vez que Mahmud Ahmadinejad, presidente de Irán, asesino de mujeres y homosexuales, antisemita confeso, visite Venezuela. No creo que sean particularmente gays, en todo caso no están escritos pensando en lectores de alguna orientación sexual en particular, pero si nacen de una particular forma de vivir el amor y la sexualidad que es la mía. Reafirmar mi identidad sexual es mi manera, admitidamente limitada, de hacer resistencia a la barbarie del régimen teocrático de Teherán y expresar mi total desacuerdo con la complicidad de los actuales gobernantes de mi país.



sábado, 30 de marzo de 2013

TIERRA SANTA, de Elio Palencia. Taller Experimental de Teatro.


CONtra SENTIDO, Din A 13 tanzcompany (Venezuela/Germany).

How does one react when the familiar environment changes and it doesn't seem to be safe anymore? How fragile does the own existence seems to be? How much creative energy and which unsuspected forces are set free, when what is known turns suddenly into a threat and daily grind becomes a challenge?

A team of six dancers from Venezuela and a German choreographer with different physicalities have looked for these and more questions in an exciting eight-weeks creative period.

As second part of the project Upheaval, which will takes place in Sri Lanka, Venezuela, Lebanon and Germany, CONtraSENTIDO will tour in Germany after its Caracas world premier.

































 Escenografía, utilería y algunos accesorios para los bailarines creados a partir del reciclaje y el procesamiento de los pendones de vinil, la publicidad política y comercial que agrede a los caraqueños. Los bailarines responden agrediendo/modificando/siendo arropados por el espacio.  Un lugar inestable, en continuo movimiento, nunca terminado. El color, la textura y el sonido del plástico. La idea de la "impostura"como forma de vida, la vacuidad detrás del colorinche. Caracas. 


Un proceso que me permitió crear en absoluta simbiosis con Gerda König, una extraordinaria coreógrafa, maestra y creadora, sus brillantes bailarines venezolanos y el equipo de diseño que conformé con el videoartista Leon Grauer , el iluminador Jorge Redondo y el vestuarista Juan Carlos Vivas. El motor del proyecto, a quien le agradezco la invitación, es Gustavo Fijalkow.

Estas fotos corresponden a la temporada de estreno en Caracas, 2012.  Luego el espectáculo ha estado en el Festival Internacional de Teatro de Caracas  2013 y en gira por Alemania.






 CREDITS



  • Choreography: Gerda König
  • Choreographic Assistance: Gitta Roser
  • Dancers: Pedro Alcalá, María Fernanda Castillo,
    José Conde, Alejandra Peña, Julio Loaiza,
    Fabiola Zérega
  • Video: León Grauer
  • Stage design: Edwin Erminy
  • Original Music: Xavier Losada
  • Lights: Jorge Luis Redondo
  • Costumes: Juan Carlos Vivas
  • Rehearsal assistant: Constanze Lemmerich
  • Direction AM and Cultural Coach: Alexander Madriz
  • Production direction: Gustavo Fijalkow
Based on the Concept Upheaval by Gerda König and Gustavo Fijalkow.

miércoles, 23 de enero de 2013

STOP KISS en la Sala Plural del Trasnocho Cultural.


 "Nuestro viaje no habrá concluido hasta que nuestros hermanos y hermanas gay sean tratados como cualquier otro bajo la ley, pues si es cierto que todos hemos sido creados iguales ciertamente el amor que nos entregamos el uno al otro debe ser igual también."

Estas palabras de Barack Obama, dichas al comienzo de esta semana en su toma de posesión en Washington, tienen una resonancia muy fuerte en un país tan contaminado por la enfermedad homofóbica como el nuestro. 

Son particularmente oportunas para hablar de la historia de una amistad convertida en romance furtivo y de pronto invadida por la violencia más brutal. Se trata de STOP KISS, la magnífica obra de Diana Son que estamos estrenando en Caracas después de su éxito en los Estados Unidos.

Este es uno de esos raros proyectos en los que uno trabaja siempre feliz, en un equipo de puros amigos. Dirige Consuelo Trum, produce Reinaldo Cervini, el vestuario es de Joaquín Nandéz, las luces de Lina Olmos, el video lo dirigió Edgar Gil y yo hago la escenografía. El elenco junta amigos nuevos, Sheila Monterola, Karina VelasquezAgustín Segnini y Jesús Miguel Das Merces con Carolina Leandro y Antonio Delli que son de toda la vida.




Tierna, cómica y trágica a la vez, la obra se centra en dos personajes: Callie y Sara. Callie, una reportera de tráfico, es experta en evadir conflictos, lo cual la ayuda a sobrevivir en una ciudad como Nueva York. Sara, en cambio, ha dejado una vida segura en la ciudad de St. Louis y su trabajo en una escuela privada para venir a enseñar en una escuela pública del Bronx. Callie y Sara inician una amistad que se convierte en atracción. Es un tema del cual no se habla hasta que un primer y único beso inocente genera una violenta arremetida contra las dos mujeres. 



La propuesta de escenografía, aquí en uno de mis bocetos,  pretende incorporar al espectador al apartamento de Callie, el espacio de la naciente intimidad entre los dos personajes, atravesado por la presencia permanente del hospital en el que agoniza Sara. Los espacios y los tiempos se mezclan en el curso de la narrativa. Las paredes/persianas permiten entradas y salidas, nos permiten asomarnos a otros espacios y justifican la presencia del video, ventana a escenas externas, como parte del apartamento. La realización es del impecable Ramón Pérez Pina y su equipo de Producciones Setting.


Todas las fotografías son cortesía de Reinaldo Cervini

martes, 15 de enero de 2013

ELÍAS PÉREZ BORJAS, UN HÉROE IMPROBABLE.



En este país nuestro, tan dado al culto de los héroes, yo tengo el mío. Se llama Elías Pérez Borjas. Un hombre que, como muy pocos, enriqueció la vida cultural del país y, en el proceso de hacerlo, nos cambió la vida a muchos.

Hoy, a 20 años de su muerte, me duele que mucha gente joven no conozca a Elías, que ignoren cuanto le debemos todos. Me duele, pero no me sorprende. Es que Elías es el más improbable de los héroes venezolanos. Un hombre menudo, delicado, con unos enormes lentes, su porte no era precisamente titánico. Algún jodedor lo bautizó “la venadita” y el sobrenombre quedó grabado para siempre. Tampoco su formación académica era una cosa que impresionara. Y, sin embrago, a punta de su inmensa sensibilidad y pasión, contra viento y marea, Elías se convirtió en el motor detrás de la danza y el teatro en el país y nos dejó el legado de los mejores años de la gestión cultural venezolana del siglo 20.

Un inventario somero: Elías dirigió el Ballet Nacional de Venezuela; fundó El Nuevo Grupo junto a la tríada de Chocrón, Cabrujas y Chalbaud; fundó la Escuela Nacional de Danza; con Vicente Nebrada, Zhandra Rodriguez y Maria Cristina Anzola, creó el Ballet Internacional de Caracas; dirigió los teatros de la ciudad de Caracas para Fundarte; fue profesor de la Escuela de Artes de la UCV y el Instituto Superior de Danza; publicó libros y fue un conferencista incansable. Para colmo, encontró tiempo trabajar como productor de cine, teatro y danza; director de escena y diseñador de iluminación en incontables proyectos. Cuando lo alcanzó la muerte dirigía la Compañía Nacional de Teatro.

Este cuento se hace personal en 1984. Lo conocí cuando se estrenaba como director gerente del Teatro Teresa Carreño. El teatro, una inmensa mole de concreto con dos salas dotadas con tecnología de punta, talleres y salas de ensayo, se había inaugurado y cerrado en 1983. Corría el riesgo de convertirse en un elefante blanco de la Venezuela saudita.

Ese año memorable, Elías logró articular un consenso entre todas las fuerzas políticas para apoyar al teatro. Invitó a congresistas de todas las tendencias y los enamoró de la institución y de lo que allí se hacía. Lo mismo hizo con los más importantes empresarios y banqueros del país.

Con esa plataforma de apoyo abrió el teatro. Y lo abrió con una nueva y moderna visión. Abierto a todas las manifestaciones de la cultura sin otra limitación que la de la calidad. Montó una programación amplia y cuidadosamente planificada en la que por primera vez, junto a las temporadas de ópera, ballet y conciertos sinfónicos, se abría las puertas a expresiones de la cultura popular desde el rock y el pop, hasta por la salsa y el folclor. Algunos puristas se horrorizaron. El proyecto de Elías suponía que el Teresa Carreño debía ser la meta a la que todo artista venezolano pudiera aspirar como culminación de su carrera.

También lo abrió a las nuevas tendencias y a los jóvenes. Invitó a los bailarines contemporáneos de Danzahoy a convertirse, junto al Ballet Teresa Carreño, en compañía residente del teatro. Cada compañía debía, además, tener su escuela en el teatro, que se convertía ahora en un gran centro de formación.

Lo abrió a un nuevo público. Generó espectáculos para niños y jóvenes. Creó programas educativos y de sensibilización para escolares de las zonas populares. Instituyó ensayos abiertos, foros y charlas de libre acceso.

Lo abrió a la excelencia. Llamó a Vicente Nebrada y lo convenció de hacerse cargo de la dirección del ballet, con miras a convertirlo en una compañía de alto nivel internacional. Invitó a grandes figuras del teatro y la música a incorporarse a las temporadas de ópera. Eduardo Marturet se encargó de la dirección musical del teatro. Elías se valía de su visión integral del espectáculo y de su inmensa red de contactos en Venezuela y el mundo entero para beneficiar al teatro.

Consciente de que no había un precedente en el país de teatros de estas dimensiones y nivel técnico, lo abrió a una nueva generación de profesionales del teatro, muchos de ellos formados por la institución en intercambio con los grandes teatros del mundo. Elías, que ya conocía de primera mano a todo el que trabajaba en un escenario en Venezuela, se trajo a los mejores, a los maestros, y los puso a trabajar y compartir conocimientos con ellos.

Entre esos nuevos técnicos estaba yo. Estudiaba el último año de arquitectura y amaba el teatro. Elías, entre los montones de inventos que estaba generando, tuvo la idea de reclutar jóvenes universitarios  afines a las artes para hacer de acomodadores en el nuevo teatro. Los llamó guías de sala. Ese concepto, hoy común en todos nuestros teatros, es también creación de Elías. Yo me anoté y participé en un curso de formación riguroso en el que, además de aprendernos la numeración de butacas y zonas del teatro, el protocolo de la sala, procedimientos de emergencia y primeros auxilios, tuvimos clases, entre otros, con el propio Elías, con Eduardo Marturet, con Vicente Nebrada y con Luisa Fermín, la coordinadora del escenario. Yo me enamoré de Luisa y su trabajo y pedí ser transferido al backstage. Elías, entusiasmado, lo aprobó. Allí comenzó mi vida de hombre de teatro. Al año me envió a Alemania, a hacer pasantías en los teatros de ópera de Colonia y Stuttgart.  Durante 20 años fui un teresiano y reconozco a Elías como una figura paterna. A esa primera generación de guías pertenecen muchos destacados profesionales de las más diversas ramas. Todos añoramos esa época dorada del teatro.

La idea de definirse “teresiano”, aunque el término lo acuñó Isaac Chocrón, es obra de Elías. Uno de los secretos de su éxito como gerente fue consolidar un equipo de trabajo con un sentido de pertenencia institucional que rayaba en el fanatismo. Elías se bajaba de su carrito cada mañana y, camino a su oficina, iba revisando cada matero, cada rincón del foyer, los vidrios de la taquilla. Se detenía a recoger papeles sucios, tirros mal pegados, anotaba si faltaba un bombillo. Esperaba de todos un nivel de compromiso equivalente. Que cualquiera de nosotros, insistía, estuviese orgulloso de barrer el piso del escenario si hacía falta. La perfección era el único nivel aceptable en el escenario. No podíamos hacer concesiones jamás, ni en lo técnico ni en la estética del espectáculo.  Hacerlo era exponerse a sus legendarios ataques de ira. Para esas ocasiones Elías se había creado un alter ego temible: solía decir que sus amistades las hacía del lindero del Ateneo hacia allá, que aquí se venía a hacer las cosas bien hechas y ya. Si un técnico le decía que alguna exigencia era imposible, respondía que “a ti te pagan para que me digas cómo se hace, no que no se puede”. Exasperado cuando alguien no entendía un señalamiento, hablaba con una exagerada lentitud, casi deletreando, como si uno fuera un tarado, “mi-ma-má-me-mi-ma”. Provocaba matarlo. Los técnicos aprendimos incluso a reconocer el perfume que utilizaba Elías, que nos alertaba de su presencia en la oscuridad del escenario, supervisando cada detalle de una función o un ensayo.

Si sobrevivías a ese nivel de exigencia ganabas ser parte de una familia teatral. Además de su permanente preocupación por la profesionalización de los oficios teatrales, Elías era un defensor de la calidad de vida de los colegas. Sueldos y beneficios dignos eran una permanente preocupación suya. Con frecuencia eso lo ponía en tensión con los administradores del teatro, que confundían eficiencia con avaricia. Pero más allá de lo remunerativo, Elías se preocupaba sinceramente por el bienestar de los integrantes de su equipo. A raíz de un terrible accidente, en el que explotó un depósito de pintura del teatro y resultaron quemados dos compañeros, Elías cubrió los gastos de hospitalización y tratamiento que no amparó el seguro. Los visitaba con frecuencia y se hizo íntimo de sus familiares. Conmovido por la situación de los demás pacientes del pabellón de quemados, se movilizó para apoyar el tratamiento de todos los que allí estaban, propios y ajenos. Con sus contactos en el exterior llegó incluso a procurar medicinas que no se conseguían en el país.

Esa preocupación se reflejó en la creación del servicio médico del teatro. Elías, como hombre de teatro, conocía perfectamente las particulares presiones físicas y sicológicas a las que están sometidos los artistas, así cómo los riesgos que implica el trabajo en escenario. Con el doctor Luis Parada creó el primer servicio de salud especializado en la asistencia a los artistas del país. El éxito fue tan rotundo que se corrió la voz y el Teresa Carreño se vio obligado, pese a las limitaciones presupuestarias, a prestar servicios a toda la comunidad de las artes escénicas de la ciudad, tradicionalmente desamparada.

La última vez que vi a Elías fue cuando coincidimos en un vuelo rumbo a Nueva York, una ciudad en la que había vivido y a la que amaba casi tanto como a Caracas. Nos dio, a mi y a mi compañero Beto Guedes, un montón de datos útiles. Recuerdo que uno era que visitáramos la librería Strand, la mejor venta de libros usados en la ciudad. Quedamos en vernos allá. No logramos coincidir. Él regresó antes. Cuando nosotros regresamos ya había muerto.

La última característica que hace de Elías mi héroe es su sobrecogedora generosidad. En un país y en un medio en el que los héroes son autoproclamados, en el que los egos enfermizos viven del auto-homenaje, Elías trabajó infatigablemente, cada día de su vida, en silencio, detrás del escenario. Construyó magníficas instituciones culturales, modernas, relevantes, que otros intentaron borrar por mezquindad o mera estupidez. Jamás perdió tiempo promocionando su propio nombre. Es un ejemplo de entrega y voluntad de servicio.

Que la historia no lo olvide. Que viva su legado. Yo se que no pasa un día sin que alguno de nosotros, los teresianos, lo recordemos. Eterno Elías.




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